‘Spring Breakers’, ¡mirad mis mierdas!

Un vagabundo cuyo cuerpo termina debajo del ombligo avanzando sobre una tabla de skate pidiendo limosna en un metro abarrotado. Las lenguas de un adolescente y una niña -que probablemente ni tiene la regla- retorciéndose y peleando por entrar en la boca contraria durante 5 minutos en un primer plano. Un chavalito con sida violando a una conocida demasiado ida y borracha después de una noche de fiesta. Otro chavalito comiéndole el coño a la madre de su novia de trece años justo antes de bajar a comer en familia. Un pelirrojo disparándose en la cabeza con una sonrisa en la boca en medio de un parque lleno de críos. Un señor que vende el cuerpo de su hija subnormal a los yonquis del barrio.

Primer duckface justificado de la historia

Este barreño de situaciones sórdidas, entre otras, ha salido de la cabeza de una persona humana que se llama Harmony Korine. El colega se llama Armonía y mirad las mierdas que se le ocurren. ¿No es maravilloso? De las películas que ha dirigido, aparte de la que nos ocupa, solo he visto Gummo. Pero cunde. En ella se propone un retrato sin hilo argumental de la parte más jodida de la Norteamérica profunda: jóvenes errantes y muy feos maltratando gatitos; prostitución; un niño intentando bailar claqué con unos zapatos demasiado grandes. Cosas que hacen llorar de asco. Sin embargo, fui a ver Spring Breakers sin saber que Korine era su director, y jamás hubiera adivinado que era suya si no me hubiera enterado por casualidad después, porque ni el aspecto técnico ni el tono tienen absolutamente nada que ver con su debut. Suspiro de alivio por lo primero, de pena por lo segundo.

Como introducción para ir abriendo boca, la película nos ofrece un desfile de tetas, nalgas, bikinis mínimos, cuerpos chorreantes de cerveza y licores varios, prácticas de retrasados mentales como fingir que masturbas una botella mientras viertes el contenido sobre la cara de una estudiante de primero de enfermería; todo esto en slowmo y al ritmo del dubstep más descafeinado que le he oído a Skrillex. Después de esta declaración de intenciones, Spring Breakers –o como debería haberse titulado aquí: Semana Santers– nos presenta a cuatro mamarrachas cuya fijación es irse a la playa de vacaciones, pero oh, no tienen suficiente dinero. Ellas son todavía más simples que la premisa. Mediante un diálogo plano y repetitivo Korine nos está mostrando su realidad sobre el sector universitario en los primeros años de carrera, lo que puede estar bien si juegas un poco con la personalidad de los personajes pero joder, todo tiene un límite. Son demasiado imbéciles para que lleguen a caerte bien. Por poner un ejemplo, el personaje de Vanessa Hudgens está continuamente haciendo el gesto de una pistola con la mano y haciendo ver que dispara a cosas o a ella misma. Esto, una vez y en su debido contexto, pues vale, ok. Pero no cinco putas veces en media hora y sin venir a cuento. Cuidado ahí, Harmony Korine.

Tiene derecho a permanecer en sileJODER QUÉ CULO NIÑA

Tras descubrir quién es el director y habiendo visto la película me viene a la mente aquella frase del Joker en la reunión con los mafiosos en ‘El Caballero Oscuro’: ‘what happened, your balls dropped off?’. ¿Dónde se ha metido el adalid del mal gusto? Tiene a un grupo de jóvenes y jóvenas borrachos y tontilocos en bañador, exudando hormonas sexuales, sin vigilancia paterna… ¿Y lo más escandaloso que muestra es a un colgado fumando hierba de la entrepierna de un muñeco Cocoliso? ¿A la del pelo rosa enseñando las tetas y diciéndole a uno que no se la va a follar porque es maricón? Quiero pensar que esto es lo que pasa por meter a dos princesas Disney en el reparto de tu película, que supongo que habrán proporcionado mucha publicidad y controversia de cara al estreno a cambio de un montón de párrafos tachados y modificados en el guión original. Por otra parte, me jugaría el meñique izquierdo (LOL NO) a que las dos escenas en las que se ridiculiza a Britney Spears han sido cosa de la hija de puta de Selena Gómez. De la segunda, concretamente, no puedo decir más que BRAVO. En serio, si no queréis ver la peli buscad a ver si está la escena suelta en Youtube, porque vale la pena: James Franco cantando Everytime y ellas bailando el corro de la patata con tres metralletas llevando pasamontañas rosa. Mágico.

James Franco interpreta a Alien, un white nigga rapero y traficante que saca del calabozo a las mamarrachas con la idea de convertirlas en secuaces. Alien tiene un problema territorial con su mentor y antiguo mejor amigo, llamado Ice no se qué, pero para que os hagáis una idea, es un negrazo con un cucurucho de tres bolas tatuado en la puta cara. Ni el conflicto ni la relación entre esos dos está bien definida ni explicada, pero no da tiempo para cabrearse por eso porque dos negras con más curvas que Nicki Minaj se están enjabonando en una ducha y te está dejando ciego el brillo de las fundas de plata que lleva Franco en los dientes mientras le violan la boca con los silenciadores de dos pistolas. Bien aquí por Franco, porque seguro que eso se le ocurrió a él, que todos sabemos que no homo pero que le mola el rollo ambiguo más que a la tonta un pepino. Y todo es risa hasta que a la hora de la verdad se le vuelven a caer los huevos a Korine en la esperada e inevitable escena de sexo entre Alien, la rubia y la Hudgens. Uno espera que un personaje como Alien, frente a dos perracas como esas y un enfermo detrás de las cámaras pues yo qué sé, su buena sodomía, un algo de doggystyle pisando cabeza, doble penetración con escopeta… ¡Las posibilidades son infinitas! Pero no. Fregoteo en la piscina y vámonos a matar niggers, que se hace tarde. Vergüenza de tus hijos, Harmony Korine.

La sensación que deja este videoclip de hora y media (que me muera si tengo algo en contra de los videoclips de hora y media, ojo) es que tenían material para hacer algo que finalmente no se pudo o no se dejó hacer. Es demasiado hueca como para servir de retrato o crítica a la juventud universitaria en busca de juerga y demasiado inocente para llevar la firma de quien la ha hecho.

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