Si me apuntaran al escroto con un puntero láser y me amenazaran con soltar un gato con muy mala hostia y peor pedicura si no defino Beasts of the Southern Wild con un solo adjetivo, positivo o negativo, estoy casi seguro de que perdería los huevos. El gato arañando la suave, lampiña y morena piel que cubre mis testículos, abriendo mis carnes, y yo no sabría qué decir. Me gusta fantasear con la escena sustituyéndome por Benh Zeitlin, yo mismo personificando al gato y la linda Quvenzhané Wallis sosteniendo el puntero con gesto triste, anhelante, deseando oír de boca de su director ese adjetivo que dé sentido a la ristra de paulocoelhismos que dice su personaje.
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